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Cortesía de la autora / Foto: ©Archivo de las Reinas Chulas

CUANDO EL VICIO CORONA A LAS REINAS

Por Maricruz Jiménez

El Teatro Bar El Vicio (antes El Hábito) --espacio ubicado en la calle de Madrid 13, en Coyoacán-- cumplirá un año de haber heredado la estafeta que la directora de teatro y fundadora del lugar, Jesusa Rodríguez, dejó a un grupo de jóvenes teatristas, reunidas en una singular agrupación que lleva por nombre Las Reinas Chulas.

En un año de intensa actividad, el grupo encabezado por Ana Francis Mor, Cecilia Sotres, Nora Huerta y Marisol Gasé, entre otras reinas, princesas y reyes de la labor escénica, ha logrado convertir este lugar en una genuina trinchera de un arte teatral dedicado a la sátira política, el humor y la beligerancia.

Carlos Cobos
Obra: Son del corazón
Foto: Oscar Dávalos

Un año ha bastado no sólo para consolidar un proyecto a todas luces necesario y urgente, en un teatro ávido de frescura y beligerancia. También ha habido tiempo para hacer un disco que lleva el sugerente título de La Banda de las Recodas, realizar El Cuarto Festival de Cabaret, donde se reunieron varias personalidades del género –esa curiosa mixtura entre la stand up comedy, el teatro de revista  mexicano, el vodevil, la formación actoral universitaria y el cabaret alemán—, y espectáculos que han reunido a sólidas compañías del quehacer escénico, como Teatro del Mar, de Miguel Ángel Rivera, y actores como Carlos Cobos y Darío T. Pie, y la complicidad de varios  músicos latinoamericanos.

Sketch político y canto, monólogos de travestis en el Son del corazón y personajes tan discutidos como los creados para Foximiliano y Martota han desfilado para solaz del respetable. De igual manera, Cucaracheando por un sueño, ofrenda a las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. O la reseña de nuestras recientes elecciones: Crónica de un fraude anunciado, donde la democracia suplicaba: “no me dejen morir sola”.

Hoy por hoy, Las Reinas Chulas son consideradas como una de las compañías más representativas de la nueva generación de exponentes del cabaret en México, lejanas del complaciente discurso machista, altamente politizadas, exponen en su quehacer una visión de género, que analiza con rigor y humor la materia de su interés.

Para ellas, "el cabaret es una postura y una idea política que refleja, como ningún otro género de la escena, este profundo malestar que sentimos todos los seres humanos, lo refleja aquí y ahora: el cabaret llega a tiempo, el teatro va tarde. El cabaret significa desobediencia civil y resistencia".

Esta trinchera que no se circunscribe a la zona de Coyocacán, es decir, que no sólo se dirige a convencer a los convencidos, también trabaja con mujeres que sufren agresión de cualquier índole.

Las Reinas ven en la reivindicación y empoderamiento del género femenino un compromiso y una labor que no es ajena al teatro, ni al quehacer que cotidianamente tiene el artista.

El tono de sus espectáculos, su sátira demoledora y su necesidad de convertirse, a pesar de los tiempos donde todo signo se integra al mercado, en una voz que siga trayendo al espectador su presente más inmediato, sigue marcando el rumbo de su creación. Por eso, como dice cierta voz mayestática y popular, sólo habremos de desearles: larga vida a las reinas.

 

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