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Foto: ©Ricardo Ramírez Arriola / www.escenica7.com |
Feliz cumpleaños
Por Héctor M. Garay Aguilera
Cumplir años es muy frecuente en el ser humano, una señal de crecimiento, pero también, llegado el momento de vejez. Los cumpleaños de grupos artísticos en nuestro país es doblemente meritorio bajo las circunstancias precarias de promoción de las artes en México. Un lugar común muy socorrido es asegurar que es mucho más difícil aún si se trata de un grupo de danza contemporánea, lo que tiene parte de verdad, pero también lo es una tendencia que se ha generalizado cada día de hacer girar las escasas temporadas y disponibilidad de espacios para esta disciplina en torno a la celebración del aniversario de una compañía.
Contempodanza, Barro Rojo, Contradanza y U,X. Onodanza, grupos de danza contemporánea nacionales tienen en común que han cumplido más de veinte años. Cada uno celebró en sendas funciones este aniversario en Palacio de Bellas Artes, muy merecido por cierto. Sin embargo, la celebración reflejó de manera limitada la trayectoria y los méritos que cada una de estas agrupaciones tiene en el panorama de la danza, fueron hechos aislados sin documentación y estudios de los logros artísticos y organizativos pero sobre todo sin las aportaciones para recuperar el público ausente de las salas. Estos aniversarios fueron más el argumento para ser aceptados en el recinto más importante para las artes en México, un espacio por cierto ganado desde hace tiempo, pero que no se les había dado ya en forma hasta entrado el año 2000.
El argumento de las celebraciones es el más utilizado por otros grupos de danza que por supuesto piden y se creen merecedores de una programación en este teatro. Deben estar en Bellas Artes por cumplir siete, nueve, catorce o x años. Fechas que por supuesto no encajan en una idea de aniversarios periódicos significativos: diez, quince, veinte, veinticinco, etc. Como un ser humano, un grupo de danza cumple años cada año, puede hacer una fiesta pero la más importante, la gran celebración a la que deberíamos acudir en un número amplio los interesados en el tema es, al menos, cada lustro. Y entonces sí, sería consecuente hacer una serie de actividades paralelas: exposiciones de fotografía, conferencias, escribir ensayos, funciones antológicas o estrenos, inclusive develar placas conmemorativas para dar una visión más enriquecedora de la agrupación y para festejar con todo el gusto posible.
Los grupos de danza no lo entienden así, los programadores de danza tampoco, entonces nos pasamos festejando aniversarios de grupos que inclusive ni siquiera deberían de seguir, con funciones propias de un salón de danza y no del foro de Bellas Artes o de los escenarios de la danza de la ciudad de México. ¿Y el público? Bien gracias. Ni siquiera los amigos del coreógrafo se tragan el aniversario. Uno que otro espectador convencido de que verá algo de valor, acude a una función anunciada de una grupo de trayectoria para verse decepcionado por ofertas artísticas que parecen recientemente formadas. Y en cierta forma sí lo son, ya que a pesar de tener inclusive varias décadas se han visto en la necesidad de cambiar de integrantes. Así pasa por la inestabilidad del sistema de difusión y también por la competencia por las becas y apoyos económicos que ha incrementado la movilidad de bailarines de una agrupación a otra.
Paradoja, estas celebraciones surgen de la intención de revalorar trayectorias y la historia de la danza en nuestro país tan vilipendiada. Influencia indirecta tiene la entrega de los reconocimientos de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos y VITARS realizada desde 1999 que perseguía precisamente el propósito de recordarle a la propia comunidad de danza los logros creativos, las vidas entregadas a la profesión y el arte y como consecuencia natural, los aniversarios relevantes durante el año. Así se les entregaron reconocimientos a maestros, artistas, grupos que salían del ingrato olvido. Esta iniciativa iba más allá de los premios por competencia que provocan rivalidades insalvables o los premios por conveniencia política.
Por supuesto que hay que seguir celebrando pues la danza tiene esta cualidad festiva. Sin embargo, hay que buscar que las funciones de aniversario no sólo sean la acumulación del tiempo, sino el justo homenaje a los logros de ese año y de otros más de entrega al arte por parte de bailarines, coreógrafos y colaboradores. Un festejo al que sean invitados los muchos, los nuevos, los diferentes espectadores.
Feliz cumpleaños y sigamos creando.
Héctor M. Garay Aguilera
21 de septiembre 2006.
Regreso a La Luneta
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