El espejo de la obra
Blanca Villeda G.
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Raúl Anguiano
Foto: ©Ricardo Ramírez Arriola
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Raúl Anguiano fue una de las presencias más longevas en la escena del arte mexicano del siglo XX. Nació en 1915 y su presencia física se extinguió este año a punto de cumplir los 91. Sin embargo su herencia estética permanecerá mientras los especialistas y el público sigan valorando su calidad retratística, su mirada antropológica y pícara, así como su talento natural para el manejar el color y la técnica.
Para rendir un homenaje póstumo, el Antiguo Colegio de San Ildefonso presenta (hasta el 10 de septiembre) la exposición Raúl Anguiano 1915-2006, la cual es un recorrido visual por los temas que lo dibujaron.
En 1999, Raúl Anguiano nos recibió en su casa de Coyoacán para platicarnos sobre sus vastas vivencias y en tono muy ameno y simpático, su experiencia estética. A continuación citaremos una parte medular de aquella conversación.
Tutores e influencias
En los inicios tuve influencias del muralismo mexicano, pero luego va uno madurando, dejando esas influencias y permitiendo que aflore su propio estilo. Aunque sí, aprendí mucho de ellos.
(Su herencia) es muy importante. Como lo dije alguna vez que di una conferencia en Oaxaca, donde un pintor joven, de características indígenas muy marcadas, me preguntó en una forma un poco agresiva si mi pintura servía a los indios --creo que hay veces hay celos profesionales--: "Claro que sí. No es que de uno dé de limosna para los indios pobres lo que uno gana legítimamente, pero los que hemos contribuido a que se vaya eliminando un poco la discriminación que aún padecen los indígenas y los mestizos en México, hemos sido los pintores muralistas sobre todo. Concretamente, un Diego Rivera, un Orozco, que han hecho héroes de su pintura a los campesinos y a los indígenas, y los antropólogos y los pintores hemos redescubierto el México original y el México más auténtico. Claro que ha servido”.
Entonces un antropólogo norteamericano que tenía unos 40 años de estar viviendo en México, pero no recuerdo su nombre, me felicitó porque yo cité a Miguel Covarrubias, antropólogo y pintor, de cómo el ojo del artista descubre muchas veces lo que un intelectual o un técnico no ve. Covarrubias hizo un estudio de la evolución de la sonrisa del jaguar olmeca hasta el Kukulkán maya de Yucatán. Claro que sí hemos contribuido. Después del porfiriato y de la Revolución, los artistas somos quienes hemos creado mayor conciencia y más hemos contribuido a la identidad del pueblo mexicano.
La tercera generación, que yo llamo de los heterodoxos y que es la mía, no imitamos ciegamente en lo político, ideológico ni estético a los iniciadores. Luego hay una (generación) intermedia, formada por artistas a quienes llamaban “artepuristas”, que no tenían un sentido social o político, como Orozco Romero --paisano mío--, Agustín Lazo o Manuel Rodríguez Lozano (con temas humanos y de protesta) o Julio Castellanos.
Pero a los que nacieron en este siglo son los que yo llamo la tercera generación, como Juan O'Gorman y la misma Frida Kahlo, aunque no afín con el arte nuestro, porque es otra cosa. Pero González Camarena, Guerrero Galván, Juan Soriano, Ricardo Martínez, Guillermo Meza, incluso los que no se pueden comparar o son diferentes a nuestro movimiento y tradición, son muy buenos en todas las tendencias, pues son muy legítimas todas ellas.
He sido amigo casi de todos, porque yo respeto a un colega aunque sea de diferente tendencia. Siempre reconozco el talento, como es el caso de José Luis Cuevas, que es tan diferente a mí, pero somos hermanos en piscis: nacimos en la misma fecha, pero yo soy 19 años mayor que él. Yo nací en el 15.
González Camarena fue mi amigo. Nishizawa es posterior a mí, pero hemos hecho viajes juntos al exterior por meses. También tengo mis amigos en la Academia de Artes: el mismo Nishizawa, Felguérez --que son muy diferentes--, (Arturo) García Bustos, que está dentro de la Escuela Mexicana y es muralista también...
También mis exalumnos, como Aceves Navarro, y los que me recuerdan ya concretamente como maestro, como Philip Bragar. Me habló el otro día Fabiano Coral, que es colombiano. Y así tuve alumnos, entre otros a Fanny Rabel y Arturo Estrada.
Desde los 20 años di clases en La Esmeralda, y 20 años en los cursos temporales en la universidad, y luego cursos en el extranjero. En la Esmeralda, mi clase era la más alta de dibujo al desnudo, tenía unos 30 alumnos, de los cuales había uno o dos con talento y no llegaron todos. Pero así es el arte. Recuerdo que han llegado Fanny Rabel, Arturo Estrada, Guillermo Monroy. Algunos fueron directores de La Esmeralda, como Arturo Estrada, José Zúñiga, Benito Messeguer (que ya murió), Philip Bragar, Hernández Delgadillo... Sí aprendieron... Aceves Navarro, Corzas, Nieto. He tenido buenos alumnos que iban a otras clases, pero iban a meterse a mi clase.
He dado conferencias para jóvenes en La Esmeralda. En los Estados Unidos, en California, pintores chicanos están cerca de mí, y otros que ya son maestros. Por ejemplo, Vladimir Cora, que se considera mi alumno, ya de bastante prestigio; Felipe Castañeda, escultor, y luego Bill Anderson, mi concuño, que es norteamericano y está casado con la hermana de mi esposa, nos reunimos los lunes en un edificio de Santa Ana, California, a dibujar con modelo desnuda. Y yo creo que han aprendido de mí bastante, porque soy viejo maestro en esa rama. Disfrutamos mucho.
María Asúnsolo
Tan bella, sensible y discreta... No era una mujer de personalidad avasalladora, sino más bien dulce, de voz suave y queda, muy afectuosa, y fascinados por su belleza y su don de gentes, la rodeábamos.
A cualquier hora del día había gente en su casa. Ahí conocí a gente como el embajador general Castillo Nájera, al escritor Rodolfo Usigli y Ermilo Abreu Gómez. Y pintores, pues Guerrero Galván, y los que la pintábamos. Siqueiros ya no iba cuando yo conocí a María. Ya habían roto, y sin embargo sé del amor tan tremendo que tuvo él por ella. Ahí conocí mucha gente, incluso había alguno de aspecto descuidado y pobres, pobretones que no les hacía un feo María, en el sentido de recibirlos y ofrecerles una copa, un refresco o platicar con ellos.
El ambiente era una especie de tertulia cultural siempre. Era muy bonito pintarla, verla, ser amigo era algo de lo más importante de mediados de siglo.
Algunos de los que han estado escribiendo sobre ella dicen: "La Diva". Pero yo creo que las divas son las actrices o cantantes. Yo más bien puedo decir que ella era una musa que inspiraba. Su amistad y su belleza física era lo que nos inspiraba y nos daba agrado y placer verla, nada más, platicar con ella.
Además que andaba siempre como la dibujamos y la pintamos: con su vestidito sencillo, sin nada abajo, y con sus pies descalzos, fuertes. Y sí, la sencillez de una estatua griega. Lo dije ya.
No era rica, pero (bastaba) el hecho de que nos pidiera un retrato y nos lo pagara en nuestros precios de entonces. Yo recuerdo que le cobré 450 pesos por su retrato, que era lo que cobraba yo. Pero yo ya era retratista y afortunadamente yo pinté a esa gente en ese precio, que podrían ser ahora 25 mil dólares. Yo no hago retrato más barato. Me lleva mucho tiempo, ¿quién me paga mi tiempo? En el retrato de María Asúnsolo puede ser que haya llevado yo unas 30 sesiones como mínimo, que es decir meses. ¿Quién paga eso ahora? El tiempo. Así es de que pues estaba bien pagado. En esa época, con 20 pesos se compraba un par de zapatos muy finos. Lo digo porque mi padre tenía una fábrica de calzado...
Después de María hubo gente que paralelamente, con muy buena sensibilidad y ojo, se interesó por el muralismo y la pintura. Nada menos, en 1922 –en el que se inicia el muralismo, cuando José Vasconcelos era secretario de Educación Pública-- era director de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo el ingeniero Marte R. Gómez. Fue de los primeros coleccionistas de arte mexicano y el que le dio el trabajo a Diego para pintar en Chapingo. Influyó en otros dos ingenieros agrónomos: en Morillo Zarza (no recuerdo el primer nombre) y en Pascual Gutiérrez Roldán, que fueron importantísimos coleccionistas; compraban nuestra obra. Ellos sí tenían dinero, poco más que María Asúnsolo, pero se formaron estas personas contemporáneas con el coleccionismo. María era amiga de todos ellos. Por eso es tan importante su figura.
La crítica
Mi teoría es esta: para entender bien el arte, un crítico tiene que saber dibujar. Es mejor crítico el que es artista en sí mismo, que sabe dibujar y entender. Entonces un Justino Fernández, un Jorge Juan Crespo de la Serna o Margarita Nelken (quien fue condiscípula de Diego Rivera en Madrid, con Eduardo Chicharro).
La crítica era muy buena: Zeferino Palencia era pintor. Muchos aprendieron luego de la base, que fue Justino Fernández, y repiten su estructura en el análisis del arte del siglo XX. Bertha Taracena es otra cosa, no es gente improvisada y ha seguido la evolución de los artistas. Ida Rodríguez Prampolini, Xavier Moyssén... Antonio Rodríguez se empeñaba muchísimo, al grado de que trataba de dibujar, y el mismo Siqueiros se confundió porque al ver un dibujo de él creyó que era un Orozco.
Luis Cardoza y Aragón, que era un intelectual brillante, poeta, escritor, hizo muy buena crítica de pintura. Incluso Xavier Villaurrutia, a quien yo conocí. Agustín Lazo también hacía crítica y pintura. A Los Contemporáneos los conocí; eran gente muy fina y muy inteligente.
Había muy buenos críticos. Ahora hay muchos, pero en realidad yo no he visto una solidez. Para qué cito nombres.
--¿Y Raquel Tibol?
--Pues yo no voy a hablar ni criticar a nadie. Es una mujer inteligente que ha seguido toda la tradición, más que nada inclinada a los grandes, porque apoya mucho a Diego y a Siqueiros, pero sí conoce, claro que sí.
--¿Y Teresa de Conde?
--Discípula de Justino Fernández. Ella misma llegó a decir que él le recomendó que me estudiara. Creo que no lo ha hecho muy a fondo, pero sí conoce. Pero luego hay cierta parcialidad en algunos críticos y carencia de eclecticismo. Se inclinan por tendencias. No quiero decir concretamente quién, pero ya mencioné a los que prefiero.
El espejo de la obra
A veces me sorprende encontrar cosas que yo no recordaba que había pintado. Algunas son buenas, ¿no?, pero no es un caso general. Nunca está satisfecho el artista.
Pues al acabar, casi no me gusta nada. Ahora que estoy pintando el mural en Los Ángeles, estoy rodeado de gente siempre, y estoy tratando de dibujar de fotos pequeñas a Vasconcelos y a Morelos, o de reproducir. Luego me preguntan: “¿Cómo le hizo, maestro?” Y respondo: “Con carboncillo y magia negra, y el que no tiene magia está perdido”. Así dijo Orozco. Pero esa magia tiene que tener medio siglo de entrenamiento, mínimo. La mano, el ojo y el cerebro. Así que no es sólo la magia. Pero luego me pregunto: Bueno, pero entonces ¿cómo le hice, cómo me salió esto? Quién sabe. Es como veo mi obra, cuando es buena.
Esta señora que se acaba de ir me trajo unos cuadros para que los identificara. ¡Ah, no, a 10 metros veo si es mío o no! Hay falsos, hay muchos falsos. Mucha gente, por el prestigio de un artista... artistas mediocres o pobretones o sin talento, aunque con cierta habilidad, tratan de imitar algún maestro y meter gato por liebre.
Aquí hay un archivo de Anguianos falsos, que tiene mi esposa. Pero engañan a los incautos. En cierto modo es una señal de admiración y un quererse subir a un carro creyendo que van a progresar.
El arte conceptual
Hemos hablado José Luis Cuevas, yo y algunas otras personas sobre el dibujo, porque esta es una disciplina que se está perdiendo. Las ambientaciones, happening y arte conceptual son vaciladas de gente impotente. Y para concretar esta idea recuerdo que en la época en que era director del Museo de Arte Moderno Fernando Gamboa, había una muestra de arte conceptual británico. Llegué y vi la exposición. Estaba recargado en un muro un señor británico. Me dice:
--Maestro, ¿qué le parece la exposición?
--¿Tengo el gusto de conocerlo? –le dije.
--Usted no me conoce, pero soy presidente del Instituto Mexicano-Británico de Cultura (no recuerdo bien el nombre), mucho gusto.
--¿Qué le parece el arte conceptual de mis paisanos?
--¿Quiere mi opinión sincera? Pues que es muy malo
--¿Por qué?
--Que haya en un pizarrón, pegadas a una rueda nada más, un calcetín y una gráfica, etcétera, etcétera, ¿eso le parece a usted bueno?
--¿Entonces cómo expresa usted un concepto?
--Le dije un concepto se expresa por medio de la escritura o de las matemáticas, pero el arte pictórico es visual y está basado en la realidad óptica. Como dijo el mismo Picasso: Yo no soy abstracto: me baso en el objeto y en la realidad. Si usted ve el cubismo de Picasso, siempre hay dos círculos o algo que parecen ojos o senos, el caso es que siempre hay humanidad. Porque Picasso pintaba y expresaba su obra por medio del cerebro, de la vista, de la mano, del corazíon y hasta de los testículos. En cambio, aquí estos están castrados.
--Ya le entendí, maestro, mejor ya ni me despido de mis paisanos... –dijo el británico.
Estoy terminando una biografía del Tiziano en italiano, porque me gusta leer en varias lenguas. Y el Tiziano ha hecho bastantes viajes por Europa y es uno de los grandes maestros modernos porque las últimas obras, pintadas después de los 80 años de edad, son precursoras del impresionismo. Tiziano, el Greco, el Tintioretto, Miguel Ángel. Y cuando vi sus obras originales, pues Van Gogh, Picasso... Cézanne es mi maestro. Lo fue también de Diego Rivera en su composición.
El milenio
Es un síndrome mental de la angustia del hombre contemporáneo. Es mi punto de vista. Yo siento esa angustia por dos plagas que padecemos en México y en el planeta: la deforestación de las selvas y la explosión demográfica. Son plagas irreversibles. No soy optimista en el sentido de que va a haber un cambio muy grande con la llegada del tercer milenio. Yo quisiera que el hombre fuera más inteligente y frenara la destrucción del planeta, pero no creo que haya un cambio nada más porque la Tierra gira alrededor del sol. Puede agravarse el Sida y las guerras del fin de siglo.
Pero no soy pesimista total, porque creo en el hombre, en la juventud, pero sobre todo en la educación, como maestro que he sido. En la educación y el control demográfico, porque si no, vamos a acabar en la miseria.
Yo he afirmado que no hay crisis en México, ni en la cultura ni en el arte. A pesar de cualquier contratiempo, hay riqueza de expresión y muchas personalidades. Yo mismo estoy más activo que cuando tenía 20 años. Voy a cumplir 85 este mes, el 26 de febrero, y sigo trabajando todos los días.
Raúl Anguiano 1915-2006
Antiguo Colegio de San Ildefonso,
Justo Sierra 16, Centro Histórico.
Tel. 57 02 63 78
Hasta el 10 de septiembre
Contacto con Blanca Villeda
villedablanca@yahoo.com.mx
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