El Basquiat de Schnabel
Blanca Villeda G.
Aunque muchos no nos enteramos oportunamente de que la obra pictórica de Julian Schnabel visitó México (6 de julio-19 de agosto), aun es posible hacer un recorrido virtual a través de la página electrónica de la Galería Enrique Guerrero. La muestra está compuesta por siete cuadros de gran formato y todos ellos son reveladores de la estética de Schnabel, misma que se apoya en las influencias expresionistas de Jacson Pollock más las de Gaudí (galeriaenriqueguerrero.com/exposiciones/a_julianschnabelexpo06/).
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Jean Michel Basquiat
Foto: James VanDerZee
Cortesía de Blanca Villeda |
El evento representa la oportunidad para hablar de Schnabel y una facción de su obra, que en vista de su biografía particularísima, dileta entre la pintura, la escultura y el cine. En tales circunstancias sería difícil establecer los dominios entre una y otra, porque en su persona todas estas disciplinas se conjugan y se nutren mutuamente, además de que el artista conoce los tejes y manejes del medio y los proyecta en su obra. Concretamente hablamos de su ópera prima, de la cual fue director y guionista: Basquiat (Estados Unidos, 1996), película que por coincidencia, hace poco cayó en mis manos y permanece fresca en la memoria. De la exposición nos ocuparemos más tarde.
Schnabel nació en 1951 y Jean Michel Basquiat en 1961, en Nueva York. En algún momento de sus vidas coincidieron y fundaron la amistad en nombre de la cual, dicen los allegados, Schnabel realizó la versión fílmica sobre la tormentosa vida del pintor de origen jamaiquino. Y cómo desaprovechar la combinación entre la personalidad irreverente y desparpajada, su vena artística, su fama, la droga y la malograda historia de amor, a un ritmo que llevó a Basquiat a hundirse en el abismo y perder la vida con tan sólo 27 años (1988) a causa de una sobredosis.
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Jean Michel Basquiat
Autoretrato
Cortesía de Blanca Villeda |
En el dibujo que hace Schnabel de Basquiat, sobresale especialmente su interés por la relación dual de desprecio y atracción que el artista negro estableció frente al dinero y la fama (porque el reconocimiento nunca fue utilizado como fin sino como un medio reivindicativo), así como un compromiso indeleble y tal vez único frente a su arte. Más que compromiso, su creación respondió más bien necesidades expresivas, puesto que para él no hubo ataduras sociales de ningún tipo. Además, en su trayectoria hacia el ser celebrity, le ayudó en buena medida su cercanía con Andy Warhol. En síntesis: el film es un homenaje al personaje romántico que encarnó Basquiat ante los ojos del director.
La película empieza con la infancia de Jean Michel, en una secuencia cuidada al extremo, en la que el niño y su madre contemplan casi con religiosidad al Guernica. Así es como Schnabel quiso desmitificar la leyenda circulante sobre el pintor, según la cual era casi un niño de la calle. Y no, no fue un hijo del Brooklyn depauperado, sino que tuvo acceso a la formación artística bajo el apoyo familiar. Por cierto, al ver la pulcritud con que fue realizada la introducción de la película y el empeño con que se montó esta escena y la fotografía, uno no puede más que pensar cómo su creador idealizó el proyecto cinematográfico.
El relato salta de la infancia del pintor hasta sus 18 años, época en la que ya tenía bastante definida su vocación de trabajar con la pintura, especialmente la de spray, escribiendo poemas sobre las paredes de la ciudad, bajo el nombre de Samo. También en esos años ocurre que se enamora de una mesera, hecho melodramático que será muy útil para la narración, puesto que con este sesgo, Julian Schnabel quiso enganchar a todo tipo de público en la película, sin importar que no estuvieran muy involucrados con el mundo del arte.
Otra de las cartas fuertes es el elenco: los personajes centrales son Jeffrey Wright (Basquiat), Dennis Hopper (el galerista Bruno Bischofberger), David Bowie (Warhol), Benicio del Toro (el amigo) y Claire Forlani (la novia), aunque también figuran otras atractivas personalidades como Wilhem Dafoe o Courtney Love, Gary Oldman y Christopher Walken, que por sí mismos tienen su público cautivo.
Sin embargo, la espectacular conjunción de luminarias, el personaje y la recreación del mundillo artístico y su momento, no bastan para que la película derive en un análisis profundo (ni simbólico ni dramático) que nos conecte con las causas del comportamiento de Basquiat, que nos haga entender sus relaciones y menos aun explicarnos sus influencias artísticas. El film toca muchos puntos pero le falta concretar y probablemente concentrarse en uno de ellos, cuenta muchas anécdotas pero el protagónico parece flotar en el montaje porque no se ancló a alguna situación u otro personaje. Uno se queda con la impresión de que el timonel subestimó la relación causa-efecto y que la sicología del protagónico simplemente fue desechada; pareciera como si su comportamiento obedeciera mágicamente a su aura creativa. Por lo que respecta a la fotografía, hay que decir que no es mala, al contrario, visualmente es atractiva a pesar de la carencia del sentido de unidad que le pudo haber brindado una línea discursiva sólida.
El alter ego de Schnabel es Albert Milo (Gary Oldman) que en la trama es amigo de Basquiat, en una participación aprovechada para poner a cuadro varias de sus propias pinturas. O sea, para autopromoverse.
En suma: al terminar la película el espectador se queda con la sensación de vacío, de que la historia termina abruptamente y esto es consecuencia del deficiente uso de la curva dramática. Parece que al director le faltó valentía para ser más contundente y eso debilitó lo que ineludiblemente debía ser categórico; ha explicado que evadió abundar en los días decadentes de Basquiat porque el suyo pretendía ser un film celebratorio de la vida, y no de la muerte, pero la historia en sí era una tragedia y en eso no había vuelta de hoja.
Basquiat
Estados Unidos, 1996
Dir. Julian Schnabel
Contacto con Blanca Villeda
villedablanca@yahoo.com.mx
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