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Imagen cortesía de Blanca Villeda

MÁS ALLÁ DE TUS OJOS


Por Blanca Villeda G.

La vocación que distinguió por varios años al Antiguo Colegio de San Ildefonso (ACSI) se diluyó, como sabemos, en el último sexenio. Se desdibujó esa intención original para llamar la atención de otro tipo de mirada. Así que el museo abrió sus puertas a la llamada contemporaneidad (la cual abarca ya más de un siglo en la escena del arte).

Aunque no es la primera exposición de ese corte en el ACSI, Más de lo que los ojos pueden ver provoca la duda sobre cómo el equipo curatorial llenará la expectativa del público que asista a esta zona del Centro Histórico para encontrarse precisamente con importantes fragmentos de épocas predecesoras o de su misma identidad.

Más de lo que los ojos pueden ver. Arte fotográfico de la Colección Deutsche Bank es una selección del acervo que ha formado durante décadas la institución de crédito alemana con el objeto de instalar el arte en el medio laboral. Son obras de gran formato que en San Ildefonso ocupan casi 20 salas y cuya factura está fechada, principalmente, de los años 90 hacia adelante.

Otros tópicos y líneas estéticas componen la exposición: hay una amplia sección abocada a la arquitectura citadina y diríamos que abundan las imágenes por series (son frecuentes las composiciones geométricas hechas a partir de objetos o de líneas simples), sin descontar una importante sección de retratos. Precisamente el recorrido inicia con una secuencia en blanco y negro sobre distintos perfiles de casas típicas alemanas y es intencionalmente el recurso de los grises un instrumento de la melancólica poesía visual  de estas imágenes. El objetivo de la cámara se dirige a un fragmento de la ciudad y plasma en el papel el espíritu de las construcciones, más allá de la arquitectura.

Podríamos hablar quizá de un rigor inherente a la personalidad de los alemanes al referirnos al estilo geométrico y los juegos de líneas rectas que usan en sus composiciones, amén de las incursiones luminosas que tan bien desempeñan su juego estético. Aunque haya fotos que descontextualizadas de su aura museística podrían figurar en las páginas de Architectural Digest, conservan  un mínimo cualitativo que por supuesto se agradece.

Al tocar esta arista de la formalidad, es casi insoslayable hablar del pensamiento comparativo entre este rigor selectivo de la obra (compositivo, visual, ético y estético) y el que priva entre el más jugoso comprador de arte contemporáneo mexicano. La colección de camiseta azul, además del hedonismo definitorio del arte contemporáneo, es gobernada por un sentido del humor bastante infantil que prácticamente nos deja visualizar al niño Eugenio sentado frente a su pantalla setentera, solazándose con El chavo del ocho, por mucho que nos digan que su equipo de asesores se formó en prestigiadas instituciones extranjeras. Por lo que respecta a la manufactura de esta  colección, no hay mucho que decir de momento.

Por ahora será más interesante intentar indagar en las razones que llevan al autodenominado arte contemporáneo a evadir la confrontación con la realidad, a centrarse tan obsesivamente en la sobrevaloración de los objetos y los hechos cotidianos. Artistas y teóricos defensores de ejercicios como éste argumentan que así la fotografía se libera de su sentido documental (como si esta condición fuera pecado, cuando es este factor el que la ha hecho permanecer y sacudir la conciencia colectiva) pero no logran hacer propuestas ni técnicas ni discursivas. Aunque obviamente la etiqueta de “contemporáneo” (aunque ya es tiempo de buscar un término más preciso) no está reflejando la realidad, muy probablemente sí sea el indicador de una actitud sociológica que ya ni siquiera plantea la negación de la realidad y, en cambio, vive enfrascada en los hechos y los objetos de todos los días. De este modo pierde su contextualización en el tiempo y el espacio. Esta contemporaneidad ya encontró su status quo, se instaló bastante bien en el rating y el mercado, y ya no tiene motivos para devanarse los sesos haciéndose preguntas ni, aun remotamente, proponiendo respuestas.

Por su parte, el museo usa su autoridad moral e institucional y se convierte entonces en el ente exaltador de este letargo que convalida los objetos decorativos de un banco.

Yo por mi parte sí pondría en tela de juicio el hecho de que el ACSI haya cambiado de giro en este sexenio, pero desde hace seis años tuvimos claro que el panorama no podría ser muy alentador bajo la batuta de la prosaica Sarita.

Más de lo que los ojos pueden ver. Arte fotográfico de la colección Deutsche Bank. Antiguo Colegio de San Ildefonso. Justo Sierra 16, Centro Histórico.

 

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